El Evangelio Eterno

Jesucristo es el evangelio de Dios. Él conquistó la muerte y todo mal con su gran amor demostrado en la cruz. Todo el que cree en él para salvación recibe gratuitamente los logros de su gran victoria sobre el pecado y la muerte. Pasamos eternamente de muerte a vida. ¡Alabado y glorificado sea el nombre del Señor Jesús!

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viernes, setiembre 08, 2006

¡Bashar! ¡Bashar! Las buenas nuevas de la victoria del rey

En el antiguo Medio Oriente, acontecía que un rey viajaba fuera de su ciudad.[1] Sus viajes serían para pactar una alianza o para negociar el intercambio de ciertos víveres necesarios. Salía dejando a su pueblo en la aparente seguridad de su ciudad fuertemente amurallada.[2]

Dentro de las murallas su pueblo adelantaba la rutina de siempre: la preparación de los alimentos, la gestión de sus profesiones, la crianza de sus niños. Sabían que su rey volvería. Mientras tanto su ciudad contaba con formidables fortificaciones. También contaba con todo el abastecimiento necesario de agua y víveres para suplirla a lo largo de la ausencia de su rey.

Sin embargo, no faltaba que un enemigo, tal vez un rey de alguna ciudad circunvecina, tratara de aprovecharse de la ausencia del rey y sitiaba a la ciudad sin su rey y su ejército.

Esta era la mayor amenaza que pudieran sufrir los habitantes de la ciudad amurallada. El rey invasor y su ejército cortaban todo el abastecimiento del agua. Nadie podía salir y entrar para traer los productos del campo. Todo estaba ahora en manos de los invasores. No había mensajero que se arriesgara a salir de la ciudad para advertir al rey ausente. Los moradores quedaban condenados a la desgracia de entregarse o ser invadidos. En todo caso, las mujeres serían violadas, todos los sobrevivientes serían tomados como esclavos, la ciudad saqueada, y puesta a fuego. A su regreso el rey encontraba a su ciudad en ruinas y su pueblo desaparecido.

Durante las primeras semanas del sitio, los pobladores sobrevivían de las raciones de agua y comida almacenadas dentro de la ciudad. Los centinelas y los pocos soldados que habían quedado trataban de repeler los ataques de los invasores quienes intentaban escalar las murallas o romperlas con sus arietes.[3] La única esperanza del pueblo era el retorno del rey. Pero si el rey dilataba, y era imposible enviarle aviso de su aprieto, los moradores encaraban la certidumbre de la muerte por hambruna o invasión. A los sobrevivientes sólo les quedaba la esclavitud y el exilio.[4]

Con el paso de las semanas, se agotaban las raciones. Los pobladores comenzaban a sacrificar sus bestias de carga para alimentarse.[5] Luego trataban de comerse el cuero de sus sandalias. Cuando éstos faltaban, los sobrevivientes se tornaban contra sus propios recién nacidos para alimentarse.[6] Extenuados, ya no podían luchar contra los invasores asediando su ciudad. Tampoco podían intentar escaparse. Todo lo que podían ver era su propia ruina. Su única esperanza de salvación era fiarse en el retorno de su rey.


Pero súbitamente el ejército asediante se marchaba. Los centinelas daban aviso de su salida repentina. Esto era indicio de sólo una cosa: el retorno del rey. El ejército sitiador salía a enfrentarlo en batalla e impedirle que rescatara su ciudad. Cuando los vigías oteaban el horizonte podían divisar los nubarrones del polvorín de la batalla. Las horas pasaban, a veces días, al par que los dos ejércitos maniobraban para el ataque y el contraataque. Aun así, nadie en la ciudad se atrevía a escaparse, y es que ni podían. La mayoría desfallecía con rigores de muerte. Sobre las murallas los vigías atisbaban sus ojos hasta la fatiga en búsqueda de alguna seña que les avisara si su rey estaba derrotando a los invasores o si los sitiadores pronto regresarían a la toma de la ciudad indefensa.

De repente, se esclarecía el horizonte del polvorín de la batalla, hasta que ni se escuchaba ruido alguno del fragor de la batalla ni se veían señas del polvorín de los ejércitos en pugna. Sobre el desierto descendía una escalorfriante calma.

Los centinelas en las murallas recorrían la mirada por algún indicio, alguna novedad que les daría a conocer lo que deparaba el futuro para el pueblo agónico y desfalleciente.

“¿Divisas lo que yo veo en aquella colina hacia la izquierda?” tal vez un vigía le urgía a otro. “Sí, parece que hay algo allí...” el otro respondía. Forzando la vista hacia el ocaso podían ver lo que parecían diminutas nubecillas de polvo por un sendero en las colinas a la distancia. “Sí, sí, lo veo, es polvo... ¿pudiera ser?” El polvorín reaparecía por el sendero pero ya más cerca... “Sí, sí, lo es... viene para acá...”

Los vigías pensaban que habían escuchado un grito... “¿Podría ser?” Todos sus sentidos se fijaban con suma concentración. Oídos y ojos en alerta al mínimo ruido y movimiento. Nuevamente escuchaban ese clamor a la lejanía... pero tenían que estar seguros antes de precipitarse a reacción alguna... Tenían que estar seguros... si era cierto... sería demasiado bueno para ser cierto... Sí, sí, lo era. Se miraron uno a otro para confirmar... y las señas de una sonrisa irrumpió sobre sus rostros demacrados... Aunque distante y atenuado ahora podían comprender el clamor del corredor a la distancia... “Bashaaaaar! Bashaaaaar! Bashaaaaar!”

Aunque incrédulos se miraron entre sí con un gesto afirmativo. Sí, era “Bashar!” El clamor hacía eco desde las colinas a la distancia. Acercándose a la orilla de la muralla que miraba hacia la ciudad los vigías se apoderaban de todas sus fuerzas para repetir el grito a los pobladores moribundos: “Bashar!” “Bashar!” “Bashar!”

“Bashar” era una palabra con muchos significados. Principalmente era “¡Grandiosas buenas nuevas!” Por lo tanto también significaba, “El Rey es victorioso”, “¡Salvación!”, “El Rey salva”. Hasta podía reemplazar el nombre del rey. A veces al mismo mensajero se le llamaba “Bashar”. Sin duda alguna “Bashar” era “Buenas Nuevas”. No necesitaba de explicación alguna. Al escuchar el grito de los centinelas en las murallas los moradores sentían como si renacían. El grito en sí era como nueva vida que penetraba hasta sus sentidos moribundos. Aunque un instante antes se habían sentido al pie de la muerte, al escuchar “Bashar” sabían que habían sido salvos. Un suspiro más y los recibía la condena de la muerte. Pero el clamor de “Bashar” era un suspiro más hacia la vida. En la proclamación de una sola palabra en un instante se pasaba de la muerte a la vida.[7] Esa nueva vida venía totalmente desde afuera. Su nueva vida era enteramente el regalo de otro. Se les proporcionaba sin participación, lucha, o esfuerzo de su parte. El “Bashar” llegaba dando nueva vida a los moribundos enteramente por la obra y el esfuerzo del rey.[8]

Al principio parecía increíble. Así es siempre con nuevas que son buenísimas. Pareciera que son demasiado buenas para ser ciertas. Al escuchar el clamor de los centinelas en las murallas los moradores dentro de la ciudad al principio se miraron unos a otros con incredulidad. Luego lentamente comenzaban a repetirlo entre ellos. “Bashar”, “Bashar”,“Bashar”. Y lentamente la realidad de su salvación compenetraba a sus sentidos moribundos. “¿Bashar?” se preguntaban entre sí como para confirmarlo. “¡Bashar!” el otro respondía. “Bashar”, repetía el primero aceptándolo con confianza. Luego se abrazaban con un gesto de gozo por las buenas nuevas. Seguidamente pequeños grupos se congregaban abrazándose con júbilo. Sus energías volvían mientras que sus lágrimas se convertidas ahora en lágrimas de gozo, bañaban sus rostros demacrados. Poco a poco el grito dentro de la ciudad hacía eco al grito de los vigías sobre las murallas hasta que todo se armonizaba en un solo grito de júbilo irrumpiendo desde la ciudad: “¡BASHAR!”, “¡BASHAR!”, “¡BASHAR!”, “¡BASHAR!”.

Se abría un pequeño portón para darle entrada al mensajero. Todos lo rodeaban para escuchar de sus propios labios la buena nueva. En un instante le llovían las preguntas: ¿Cómo fue la batalla? ¿Cuántos soldados perecieron? ¿Cuándo regresa el rey y su ejército? ¿Fue totalmente derrotado el enemigo? Pero el mensajero a todo daba sólo una respuesta: “¡El rey es poderoso!” “¡El rey es poderoso!” “¡El rey es poderoso!”

Pronto el rey con su ejército victorioso llegaban a la ciudad cargados de un inmenso botín. El Salmo 24:7-10 registra la entrada del rey a su ciudad, y la adoración con la que era recibido. La entrada triunfal allí narrada es una procesión en la que el pueblo rodea a su rey con adulaciones vitoreándolo como vencedor y poderoso rey.

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Eterno, el fuerte y valiente, el Eterno, el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Eterno Todopoderoso, él es el Rey de gloria [NRV 1990].

Al acercarse, la comitiva del rey exclamaba a los vigías sobre la muralla “¡Alcen las puertas para que entre el rey del botín!” Los soldados sobre las murallas respondían, “¿Quién es el rey del botín?” La comitiva del rey respondía “Nuestro rey, el poderoso en batalla, ¡él es el rey del botin!” Las puertas se abrían de par en par, el rey entraba rodeado por su pueblo que lo aclamaba jubilosamente con reverencias y adoración. El botín era repartido a su pueblo hambriento, y se entregaba al festejo por muchos días.[9] Ciertamente “bashar” era “buenas nuevas de gran gozo”.

Sin embargo, estas palabras de victoria manifiestan un triunfo de mucho mayor alcance. La batalla ganada por el rey celebrada por estos gritos de victoria conlleva consecuencias trascendentales y eternas. El Salmo 24 describe un desfile de victoria en tres estrofas. Las palabras de triunfo citadas anteriormente conforman la última de las estrofas. La primera estrofa describe el territorio defendido victoriosamente por el rey y su derecho de gobernar sobre todos los moradores del territorio, ya que es el Creador.

Para el Eterno es la tierra y su plenitud, el mundo y los que habitan en él. Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos (vs. 1-2).[10]

Mediante los hechos creadores del Eterno, la tierra entera es la ciudad de Dios. Por lo tanto, todo lo que en ella hay, incluyendo todos sus moradores, existen para el bien del Rey. Ya que existen para él, él se compromete a proveerles seguridad, protección, prosperidad, y perpetuidad. Él arriesgará hasta su vida para proteger y atender a su pueblo, y salvarlos de todo mal.

La segunda estrofa sorprende al lector con la verdadera naturaleza de la batalla y conquista del Héroe. Pareciera que se hubiera perdido el derecho de vivir ante la presencia de Dios sobre la tierra. Ha ocurrido una derrota moral. Nadie puede vivir ahora ante la presencia de Dios sobre la tierra a menos que esa persona pueda proveer toda una vida de perfección y pureza moral, de relaciones humanas conducidas por nada más que el amor y la justicia.[11] Todos los que han combatido en esa batalla para reconquistar su perfección moral han luchado hasta la derrota... eso es hasta que este rey heroico salió a la batalla a favor de todos los perdidos y condenados por sus fracasos morales. Pero ahora rodean a su victorioso héroe con aclamaciones de victoria. En este gran desfile de victoria cierto número de los cantores plantea el interrogante:

¿Quién subirá al monte del Eterno? ¿Quién estará en su Santuario?

Otros cantores responden al rodear al héroe victorioso sosteniéndolo en hombros:

El limpio de manos y puro de corazón, el que no eleva su alma a la vanidad, ni jura con engaño. Este recibirá la bendición del Eterno, y la justicia de Dios, su Salvador.

Estas palabras describen las cualidades morales del héroe. No tienen que ver con ellos mismos ni con ciertos requisitos que ellos deben cumplir. La comitiva es una agrupación de “fanáticos” quienes ilustran el temple y carácter del héroe. Los otros fanáticos del coro se unen en una jubilosa aclamación:

Tal es la generación [el ciclo de la vida] del que lo busca, del que busca tu rostro, oh Dios de Jacob [NRV 1990].[12]

Los que aclaman al rey lo adoran por su asombrosa fortaleza moral. A lo largo de toda su vida, su manera de vivir no vaciló por un momento en manifestar amor, paz, honradez, integridad, tanto en los hechos como en los pensamientos. Aquel héroe moral no sólo fue honesto hacia con otros sino también hacia consigo mismo... sin vacilar, de una manera consecuente, siempre amoroso hacia sí mismo y los demás. Victoria inconfundible. Digna de la adoración que ahora recibe.

No es de asombro alguno que ahora las puertas se le abren de par en par... y aquellos que entran junto con él pueden entrar no debido a su propia virtud moral sino porque él los conduce mientras ellos lo aclaman y adoran como su héroe. ¡Su victoria es bashar para ellos!

Debido a su valentía moral él ahora osadamente puede ascender a la presencia del Eterno y confiadamente se mantiene en pie ante el Todopoderoso. Él trae en sí mismo una vida para presentar ante el Eterno quien la somete al examen más riguroso, concediéndole su aprobación. Este héroe ha lidiado contra las más cruentas tentaciones de vivir sólo para sí mismo, trepar todas las escaleras del poder y del poder controlar. No obstante siempre y decididamente escogió el sendero de vivir para levantar y darle la mano a otros. Éste con éxito rotundo ha rechazado todas las tormentosas olas de la oscuridad que asedian al ser humano desde adentro y por fuera, sin vacilar a lo largo de toda su vida. Éste sin vacilar siempre se dio a la creativa tarea de sobreponer el mal con el bien. Ahora se puede acercar a Aquel que todo lo conoce y con limpia conciencia puede declarar, “Aquí estoy con todas mis obras perfectas, pensamientos, y aspiraciones. Extiéndeme tu bienvenida, puesto que reúno todos los requisitos para vivir eternamente ante tu presencia.”

Éste ha aprobado el examen más cuidadoso para encontrar al menos uno con “manos limpias y puro de corazón”, uno quien jamás haya añorado con escapes y falsificaciones para lidiar con la realidad. Uno cuyas obras desde su nacer hasta su muerte tan sólo manifestó obras de un amor que alcanza a todos desinteresadamente y sin prejuicio alguno. Uno cuyos pensamientos siempre se vertían hacia los más puros deseos y las pasiones más honradas hacia sí mismo y los demás. Se había hecho un inmenso pedido. Pero éste se presentó con su propia vida. Éste es de manos limpias y es puro de corazón. Jamás ha elevado su corazón a lo falso, y jamás ha jurado con engaño. Éste ha recibido bendición del Eterno. Éste ha sido vindicado por el Eterno como justo, íntegro, enteramente amoroso. Éste ciertamente ha ascendido al monte del Señor, y ahora permanece en pie ante el lugar santo del Eterno. Él ha sido declarado victorioso y triunfante sobre todos los poderes de la oscuridad, de lo falso, y del mal. Ciertamente las puertas se han levantado ante él despejando el camino para que pueda entrar triunfalmente.

Pero él no entra solo. Está rodeado por una multitud que aclama sus triunfos, sus cualidades, su amor, su integridad, su veracidad. ¿Pero en base a que derecho pueden entrar? En base a sus propias victorias y triunfos? Si así fuera, se incluirían a sí mismos en sus adulaciones: “aquellos [nosotros] los de manos limpias y aquellos [nosotros] de puro corazón.” Ni el menor indicio de eso aparece aquí. Todo se trata de los méritos de él, de su valor, de su victoria.

Es un hecho que el salmista, al compararse con este héroe moral, no puede hacer nada más que declarar su total insuficiencia moral. Al darse cuenta de su naturaleza desprovista, el salmista exclama al Dios de Jacob.

Tal es el ciclo de vida del que lo busca, del que busca tu rostro, Oh Dios de Jacob (Salmo 24:6).

¿Por qué Jacob? ¿Por qué no exclama al Dios de Israel? Jacob e Israel fueron dos nombres dados a la misma persona. Sin embargo, el nombre de Jacob fue cambiado a Israel debido a su cualidad moral de luchar con Dios rogándole su bendición hasta prevalecer con Dios. ¿Por qué no apela el salmista al Dios de Israel, el luchador, el que prevalece? ¿Por qué más bien apela el salmista al Dios de Jacob?

Jacob era el menor de los mellizos de Isaac, Esaú y Jacob. Se le dio el nombre de Jacob porque cuando nació su mano estaba fuertemente aferrada al calcañar de Esaú. Su padre interpretó este gesto del infante como un intento de sustituir y destituir a su hermano mayor. De ahí que el nombre Jacob significa “el que suplanta”. A lo largo de su juventud Jacob tuvo el renombre de que se lo conociera por su complicidad y doblez. Fue cómplice con su madre para engañar a Isaac a fin de recibir la bendición del primogénito. Más tarde, estuvo envuelto en tratos engañosos para con Labán. Jacob era un engañador. Contrapuesto con el héroe moral elogiado en este salmo, Jacob fue “aquel que sí elevó su alma a lo falso, y quien sí juró con engaño.” El salmista al sentir su inmensa insuficiencia moral al describir su héroe moral, se identifica con Jacob el engañador en vez de Israel el que luchó hasta obtener la victoria. Con un ruego como si golpeara su pecho en gesto de contrición, el salmista le ruega “al Dios de Jacob” que le conceda misericordia.[13]

Él entra como el “Rey de gloria”. En hebreo la palabra “gloria” es un sinónimo para la expresión “bienes que pesan mucho”. La gloria se refiere al botín, a los bienes que trae el rey como símbolos de su victoria. El botín de este rey es su peso moral en oro, el valor de su vida. Cuanto más grande el botín, más gloriosa la victoria. Libre y gratuitamente él confiere a su comitiva con su victoria y ellos entran en base a su triunfo, no el de ellos... todos ellos estaban tan ciertamente como muertos cuando les llegó el clamor de bashar debido a la victoria de él. Ciertamente buenas nuevas... Se regocijan en el bashar de su victoria y triunfo al rodearlo con clamores de júbilo, adoración, y preseas.


Ciertamente para el Eterno es la tierra, todo lo que en ella hay, el mundo, y todos los que en él habitan; pues él la ha fundado enteramente sobre la mar infinita del valor moral del héroe y la ha establecido sobre las aguas de su misericordia. ¡Bashar! ¡Bashar! ¡Bashar!

Buenas nuevas: El Rey sufre por su pueblo

En los escritos de Isaías, capítulos 53 y 54 se encuentra una referencia directa a bashar en base a la lucha del Héroe y su triunfo.

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas [bashar], del que anuncia paz, del que trae las buenas noticias [bashar], del que proclama salvación, del que dice a Sión: “Tu Dios reina”! ¡Voz de tus centinelas! Alzan la voz, juntos dan voces de júbilo. Cuando el Eterno vuelva a Sión, lo verán con sus mismos ojos. Cantad alabanzas, alegraos juntas, soledades de Jerusalén; porque el Señor ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. El Eterno desnudará su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios (Isaías 52:7-10 NRV 1990).

Se da el anuncio de bashar debido a que hay un Héroe quien ha “desnudado su santo brazo” a favor de su pueblo condenado y les ha concedido la salvación.

En tanto que el Salmo 24 describe las cualidades morales del Héroe que le dieron la victoria, Isaías 52 y 53 describen el precio de sufrimiento que este Héroe tuvo que pagar por su victoria moral. La batalla no fue nada fácil. No fue una lucha cualquier, y él no es cualquier Héroe. En vez de ser el luchador estereotipado de cualidades físicas extraordinarias, este Héroe se presentó al campo de batalla como un David ante Goliat. Parecía que no tenía ningún factor a su ventaja.

Muchos se asombraron de él, pues tenía desfigurado el semblante; ¡nada de humano tenía su aspecto! (Isaías 52:14 NVI 1999)... creció como raíz de tierra seca. No habían en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable (53:2 NVI). Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos (53:3 NVI).

El significado de esta descripción la cual lo revela como alguien sin factor alguno a su favor es para recalcar su soledad en su batalla. Con su aspecto de destituido, no tenía ningún tipo de apoyo social, ningún grupo de iguales que le brindaran ánimo, no tenía fanáticos en las graderías. “He pisado el lagar solo; ninguno de los pueblos estuvo conmigo” (Isaías 63:3 NVI). En vez de presentarse al campo de batalla con el apoyo de un poderoso ejército, la batalla la lidió por sí solo. De hecho, no solamente solo, sino burlado, humillado, y rechazado por los mismos que estaba luchando por salvar. Tan sólo unos pocos fanáticos son lo suficiente como para brindar ánimo al más débil. Pero éste no tuvo ni uno en la batalla más severa que jamás se halla lidiado, la batalla en las que se arriesgaron las más graves consecuencias: la salvación de su gente. “No lo estimamos.”[14]

Pero la lucha que libró en su soledad no fue para su propio bien, sino por el bien de su pueblo. Fue una batalla vicaria o por sustituir a otros. Él soportó el dolor más cruel y el castigo más severo a favor de su pueblo. Aquellos por los que luchaba no merecían nada más que la sentencia de muerte por sus continuas e intransigentes fallas morales. Sin embargo, él tomó ese castigo sobre sí mismo mientras los mismos cuyo dolor él llevaba sobre sí se burlaban de su lucha.

Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros (Isaías 53:4-6 NVI).

¡Cuán grande lucha! ¡Tal entrega! ¡Tan grande amor! La inocencia y la virtud tomando sobre sí el dolor y el castigo de la culpa y la perversión. Sin embargo, a lo largo de toda la lucha él mantuvo “manos limpias” y “pureza de corazón” hacia Dios, hacia los que le afligían su tormento, y cuyo dolor el tomaba sobre sí.

Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca... Se le asignó un sepulcro con los malvados, y murió entre los malhechores, aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca (53:7,9 NVI).

Llama la atención la impactante similitud entre la frase descriptiva “aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca” con la frase “el limpio de manos y puro de corazón... y el que no jura con engaño” del Salmo 24:4. Ambos pasajes (Isaías 53 y Salmo 24) describen a la misma persona, el mismo personaje heroico.

El Eterno contabiliza la victoria moral y el sufrimiento de este personaje como un sacrificio o una ofrenda por las faltas morales de su pueblo. Tanto su rectitud moral como su sufrimiento son en substitución de o en lugar de su pueblo.

Como puso su vida en sacrificio por el pecado... la voluntad del Eterno será prosperada en su mano... mi siervo justo justificará a muchos, y llevará las iniquidades de ellos... por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, cuando en realidad, él llevó el pecado de muchos, y oró por los trasgresores (53:10-12 NRV 1990).

Al proveer a Israel con este substituto, el Eterno se unía a Israel como su divino esposo.

Porque tu esposo es tu Creador, el Eterno Todopoderoso es su nombre. El Santo de Israel es tu Redentor; el Dios de toda la tierra (54:5).

Que Dios haga la provisión de un Sustituto ciertamente es Buenas Nuevas para todos los moradores de la tierra. Esta provisión es el gran clamor de Bashar para todos. De hecho, son nuevas increíbles. No es causa de asombro entonces que Isaías 53 comienza con las palabras, “¿Quién a creído a nuestro anuncio?” (53:1). La frase siguiente, aunque en forma de interrogante, emite la razón por tan buenas nuevas que parecen increíbles, “¿A quién se ha revelado el brazo del Eterno?” El brazo del Eterno se ha revelado a este personaje heroico a manera de sustituto, cuyos atributos físicos no reunían las cualidades de un héroe. Mas bien, fue a causa de las debilidades y desventajas del héroe que su victoria fue aun más asombrosa e increíble.

Mi Siervo creció como un retoño, como raíz en tierra seca. No tenía belleza ni majestad para atraernos, nada en su apariencia para que lo deseáramos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto. Y como escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos (Isaías 53:2,3 NRV).
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Eterno, el fuerte y valiente, el Eterno, el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Eterno Todopoderoso, él es el Rey de gloria [Salmo 24:7-10 NRV 1990].

Tal es la historia registrada en el Antiguo Testamento. El Eterno busca entre los moradores de la tierra a fin de encontrar al menos uno que tenga rectitud moral, mas no lo encuentra.[15] Todos han sido sitiados por un enemigo quien los ha quebrantado moralmente y se encuentran destituidos moralmente. En su desesperación se dan a la guerra los unos con los otros, mas no pueden hallar salida de su condenación. Pero el Eterno y su Creador provee un personaje en sustitución quien a pesar de tener toda desventaja a su contra es capaz de proveer tal fortaleza moral. Y con su triunfo, todos los moradores de la tierra salimos victoriosos sobre la muerte y eterna condenación. Venid, benditos de mi Padre, heredad las mansiones preparadas para vosotros desde la fundación del mundo. ¡Bashar! ¡Bashar! ¡Bashar!
[1].Este estudio de la palabra hebrea “bashar” del Antiguo Testamento se prepara como fundamento para el significado de “evangelio” o “buenas nuevas” del Nuevo Testamento. Copyright Haroldo S. Camacho, January 10, 2001, Los Angeles, California.
[2]. Las siguientes descripciones se fundamentan en varias narraciones del Antiguo Testamento.
[3].2 Samuel 20:15 describe el sitio de una ciudad y el atentado de invadirla con un montículo y arremetidas con arietes.
[4].1 Reyes 20:1-6 registra las amenazas promulgadas por un rey invasor de violar a las mujeres y de llevar cautivos a los moradores de una ciudad.
[5].2 Reyes 6:25 registra los precios exorbitantes que se pagaban por las partes mutiladas de las bestias de carga durante un sitio.
[6].Deuteronomio 28:52-57 describe con demasiados detalles las atrocidades cometidas y sufridas durante el sitio de una ciudad.
[7].Véase la historia de los cuatro leprosos durante el sitio de Samaria quienes no pudieron contenerse las buenas nuevas de “bashar”, pues se dieron cuenta que era anuncio de vida para su ciudad (2 Reyes 7:9).
[8].Isaías 52:7-10 registra el gozo de los centinelas sobre las murallas al escuchar el clamor de “bashar” del mensajero . Además, en estos pasajes, el vidente puede ver que es el Dios de Israel que como Rey regresa a su ciudad. “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas [bashar], del que anuncia paz, del que trae las buenas noticias [bashar], del que proclama salvación, del que dice a Sión: ‘Tu Dios reina!’ ¡Voz de tus centinelas! Alzan la voz, juntos dan voces de júbilo. Cuando el Eterno vuelva a Sión, lo verán con sus mismos ojos. Cantad alabanzas, alegraos juntas, soledades de Jerusalén; porque el Señor ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. El Eterno desnudará su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios (Isaías 52:7-10 NRV 1990).
[9].2 Reyes 7:1,16 registra la distribución del botín tomado de un ejército invasor.
[10].No obstante las muchas traducciones al contrario, la gramática hebrea indica que este término está en el dativo y no en el genitivo (“Para el Señor es la tierra” en vez de “Del Señor es la tierra”). El sentido del dativo para concuerda con el estilo general del salmo, el cual es litúrgico, con la finalidad de alabanza, para la adulación de Aquel que ha salido vencedor, y por lo tanto redimido la tierra para el Señor.
[11].Tal como se verá más adelante, el término hebreo dor indica principalmente todo el período de vida, o el ciclo de vida de un individuo.
[12].El término hebreo dor que por lo general se traduce “generación” no se refiere principalmente a los descendientes, al linaje, o a los seguidores del héroe. Este término hebreo se refiere primordialmente a todo el término de la vida, o el ciclo de vida del héroe. En particular se usaba para describir el plazo de tiempo entre el nacimiento de un hijo varón y el primer hijo varón de ese individuo. La frase “del que lo busca” está en el singular en el hebreo.
[13].Génesis 25:26; Génesis 32:27,28.
[14].Véase también la oración mesiánica del Salmo 22:11: “No te alejes de mí, porque la angustia está cerca, porque no hay quien ayude.” El Salmo 22 es el primero de tres salmos mesiánicos, del cual el Salmo 24 es el último. El Salmo 23, al centro de estos tres es la expresión de fe del Mesías en toda su humanidad.
[15].Salmo 14:2,3: “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”